El Don de Repartir…


DarRomanos 12:8 dice: “…el que reparte, con liberalidad…”

Realmente, estamos hablando de dar… y no un simple dar.

Ese verbo: “repartir”  (methadidomi) implica “dar más de lo que normalmente se espera que uno dé”

Pablo, hablando a los Corintios, habla muy bien de las iglesias de Macedonia, ya que ellas, en medio de muchas tribulaciones (y el texto da a entender que estas eran económicas), habían dado más allá de lo que ellas podían dar. 2a Corintios 8:1-3, dice:

“Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas…”

Nos gusta “repartir” lo que no hemos llevado a la fiesta, ¿no es cierto?. Pero el que tiene este don, da gustosamente, de lo suyo.

He observado que quien tiene este don, no está tranquilo si no ha ayudado a algún creyente que atraviesa por una genuina necesidad económica. Quizás el símil sea muy burdo, pero…para quien tiene este don, el dar o cubrir necesidades materiales que alivien el dolor de algún hermano en Cristo,  (o aún, necesidades de su congregación) “le es como una adicción.”… le urge dar… no “alocadamente”, sino donde él detecta una oportunidad para cubrir una deficiencia y hacer así, el avance del Reino, más liviano.

¿Y cómo deberán ejecutar el don?

Pues según el verso mencionado, “con liberalidad”, lo cuál significa, “sin complicaciones”.

Y es que si Dios pone en tu corazón el dar para aliviar a alguien de esta manera, y… “lo piensas dos veces”… te complicas en tu corazón y la liberalidad se desvanece… ¿no crees?

Ayer te decía: “y no digas: yo no sirvo a los demás porque no tengo el don de servicio”, porque servir, en general, es un rasgo natural en los creyentes.

Esta noche concluyo con un pensamiento similar : “Y no digas: yo no doy porque no tengo el donde dar”, porque dar lo normal (como lo que das a Dios en tu iglesia…parte del fruto de tu trabajo), es algo que Dios espera de todo creyente.

¿Tendrás el don?… Úsalo. Edifica al cuerpo de Cristo así. Serás como bálsamo a muchos creyentes. Te lo aseguro.

¡Ten un gran día, hoy!

n.r.

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