No Hay Corazón Amorfo…


corazón

Al decir “corazón” no me refiero al órgano que bombea nuestra sangre a todo el cuerpo, sino al mismísimo interior del ser humano. Lo que somos adentro y no el envase que lo contiene.

Ese, nos guste o nolo aceptemos o no…ha sido formado. Punto.

El corazón del más despiadado de los terroristas (o quizá criminales) tomó forma al ir él creciendo (por más que alguien diga: “esos no tienen corazón”…pues…sí…lo tienen y tiene forma)…que tomó forma alimentado por la maldad y el odio, y qué sé yo más, es otra cosa…pero tomó forma.

De igual manera, el corazón del más honorable de los seres humanos en quien puedas pensar en este momento, también tomó forma, conforme crecía en esta vida. Alimentado de la más sublime moral, o de los más honorables valores, o de los más respetados principios bíblicos, si quieres…pero tomó forma.

En cuanto a formación del corazón, descubro…no hay corazón amorfo. Aún el más enaltecido de los ateos tiene un corazón que ha tomado forma…lo crea o no…le guste o no.

La gran pregunta es ¿qué forma tomó mi corazón cuando crecí?… o para ponerlo más complejo: ¿Qué forma está tomando en estos precisos segundos?.

Y tal como somos en el corazón, así lo reflejamos por fuera…al pensar, al decidir, al hablar, al gustar, al rechazar, al tratar a los demás, al reaccionar ante una acción de otros, al …etcétera… Jesucristo lo dijo muchas veces y de diferentes maneras.

Al estar compartiendo “mi corazón” con Vida Nueva Guate en este segmento del año, en el marco de la serie titulada: “las Instrucciones No Vienen Incluidas”, lo he expresado en más de una ocasión: “nosotros los padres somos los responsables de una sana formación espiritual de nuestros hijos…y nadie más”..y…“si nosotros no lo hacemos, otro, de todas maneras, lo hará”…”pero  que el corazón de tu hijo(a) tomará forma, la tomará…puedes estar seguro”

La Biblia está plagada de casos en los que los hijos “anduvieron en los caminos de su padre” (en algunos casos eran caminos de rectitud…pero  en la mayoría eran de iniquidad).

El escenario es complejo cuando nosotros, los papás, tenemos un genuino encuentro con el verdadero Dios, y descubrimos que nuestro corazón ha sido formado “en la maldad”, en nuestro pasado… y quizás no nos habíamos dado cuenta, sino hasta entonces. En tal caso, necesitamos comenzar con nosotros mismos, a fin de tener “qué dar” a nuestros hijos.

Un corazón así formado, necesita ser transformado…y solamente puede ocurrir con tu empeño en tal empresa, echando mano de Dios y su Palabra, con la muy buena complicidad del Espíritu Santo. No hay otra manera.

Créeme…No hay corazón sin forma en esta vida… ¿qué forma ha tomado el tuyo?

n.r.

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