No Es Lo Que Entra en La Boca lo Que Contamina Al Hombre…


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Me encanta Jesucristo porque, sin rodeos, va “al grano”…”al hueso”, y desnuda las intenciones del corazón humano en cuestión de segundos.

Aquellos aferrados a un juego de reglas y tradiciones (y perdona si ofendo tu religión e llame como se llame], pero una religión es eso, y nada más que eso: un absurdo juego de reglas y dogmas sin ningún fundamento bíblico) acababan de lanzar, en Mateo 15:2, otro dardo al Maestro a fin de hacerle errar en su conceptualización de lo que una relación del hombre con su Creador es.

“¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.”

Sin tanto meditar, pues lo absurdo no necesita de mucha meditación para ser clasificado como tal, Jesucristo les da de nuevo una cátedra en cuanto a lo que relación con Dios es.

“No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.”

Los afortunados son siempre sus seguidores…sus aprendices…los que nunca dicen: “no tengo necesidad de que me enseñes, Jesús”, sino que al contrario, le ruegan que les explique lo que él siempre quiso enseñar:

“Explícanos esta parábola.”

Me encanta….sencillamente, ¡me encanta!. Son estos los que aprenden. Los que dicen: “Estoy ciego…hazme ver”…y nunca los que dicen: “Veo, no necesito que me abras los ojos”

A los primeros, les explica lo que esa profunda frase quiere decir:

“¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?…Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.Estas cosas son las que contaminan al hombre…”

Dos principios quedan grabados en mi corazón al escuchar a Jesús enseñar esto:

1) El ser humano, busca “ganar” la aprobación de Dios por la vía de los “haz estos” y “no hagas aquellos”. Religión en su máxima expresión.

2) Dios, por el contrario, va al origen de toda maldad: el centro del corazón humano, el cuál (conforme hemos ido creciendo) ha sido formado por un sistema de valores, que conocemos como “mundo”, más que alejado de la rectitud y la integridad. Es allí, donde nacen, tal y como nace el agua en un nacimiento de agua (perdón lo casi ridículamente redundante), los malos pensamientos que nos llevan al mal vivir con los demás. También los homicidios que nos hacen matar (de nuevo redundante), y en la mayoría de veces sin un revolver, a otro corazón humano. También los adulterios y fornicaciones que, no solamente nos convierten en viles quebrantadores de la fidelidad,sino también dignos merecedores de la pérdida de todo crédito ante los demás. También los hurtos con los cuáles despojamos a nuestros familiares, amigos, etcétera, de todo lo humanamente “despojable”…robándoles hasta su felicidad, si es posible… con tal de quedar nosotros satisfechos. También el destrozar la reputación del otro…eso es un falso testimonio…Sí…nace en el corazón. También maldecir a Dios nace allí. ¡Qué vida tan miserable!

Es por todo esto que  una larga lista de “leyes” o “reglas” nunca puede transformar al corazón humano…porque no pasa de un intento que va de afuera hacia adentro, pues la verdadera transformación se da de adentro hacia afuera…y si (y solo si) Jesucristo entra al mentado corazón y la promueve. Nunca ocurrirá de otra manera. Esa… es la verdadera transformación humana. Las demás son burdas falsificaciones que, a menudo, engañan hasta al mismísimo corazón.

n.r.

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