“¿…Y Qué Más Necesito Ver, Si He Visto a Jesús?”


Ciego 3

Más jugo sale de este precioso pasaje de la curación de este ciego en el capítulo 9 de Juan.

Cada milagro que Jesucristo hizo, tenía el propósito supremo de demostrar, entre otras cosas, su deidad. Ninguno de sus milagros fue hecho “solo por ser hecho el milagro en sí”.

Jesucristo pudo haber resucitado a todo muerto del que supo en sus años de ministerio entre nosotros los humanos…¿no crees?. Pero solamente tenemos el recuento de haber resucitado a tres personas: 1) Lázaro, el hermano de Marta y María. 2) La hija de Jairo. Y 3) El hijo de la viuda de la región de Naín.

Probablemente resucitó a uno que otro más, pues el último verso del evangelio de Juan, es decir Juan 21:25 dice que “hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.”
Pero lo cierto es que no anduvo resucitando a todo mundo. ¿podía hacerlo?, claro que sí, ellos tres son prueba de esto.

Pudo haber devuelto la vista a todo ciego pero no lo hizo, sino solamente a  aquellos con cuyo milagro, Jesús demostraría su deidad.

En el caso de este precioso capítulo, sospecho que hay varios propósitos. Uno de ellos es demostrar a los fariseos que él es el Mesías. Por otro lado, creo que la conversión del ciego mismo es el otro propósito.

La pregunta de Jesús al ex-ciego me resuena en estéreo en mi mente: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”.  Ahora fíjate…cuando el ex-ciego le pregunta a Jesús: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? …fíjate en la respuesta de Jesús: “Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.”

Sencillamente ¡espectacular respuesta!: “Pues le has visto…”… “de continuar ciego, no me verías…ahora, me has visto”

¿Existe en el mundo algo más precioso que Jesús, que el ex-ciego ahora pueda ver?…Mmm…Yo personalmente creo que no lo hay.

Si tú has tenido un encuentro personal con Jesucristo, has visto lo más precioso que un ser humano puede ver… al Hijo de Dios.

Taylor Cadwell en su novela “El Gran León de Dios”, al relatar la conversión de Saulo de Tarso, camino a Damasco, dice que Saulo queda ciego (y efectivamente, el recuento Bíblico lo dice), y que sus ayudantes lo levantan del suelo al cual ha caído cegado por le resplandor que vió. Cuando lo levantan le dicen: “¡Saulo, estás ciego!…¡no puedes ver nada!…” a lo que Saulo respondió: “¿Y qué necesito ver más, si he visto a Jesucristo?”

Pausa y concluyo mañana.

¡Ten un gran día, hoy!

n.r.

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