El Reino de Dios No Es Bebida Ni Comida…


Acrocorinto

…sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” 

Así lo dice Romanos 14:17, textualmente.

Al Estar exponiendo el octavo capítulo de 1a Carta a los Corintios ante VNG, era casi improbable que no volteáramos este impresionante verso, como referencia.

El octavo capítulo de 1a a los Corintios trata sobre lo que muchos han llamado “Las Áreas Grises”, dado que hay situaciones en las que la Biblia pareciera no pronunciarse sobre ellas.

¿Es pecado bailar?…¿Es pecado que un  hombre use un arete en su oreja?…¿es pecado tomar una copa de vino?…¿Es pecado jugar fútbol?…¿Es pecado etcétera?

Durante el primer domingo dimos un vistazo a el escenario que provocó, históricamente, preguntas similares que los Corintios hicieron  al apóstol Pablo, a través de una carta enviada en manos de Estéfanas, Fortunato y compañia. Él estaba ya en Éfeso y había dejado a Apolos como pastor de la tierna (y por lo tanto inmadura) iglesia de Corinto, y dedica los capítulos 7,8,9,y 10 de dicha carta para responder a las interrogantes que ellos enviaron.

El problema era el siguiente: Los Griegos de aquella región habían crecido con creencias “religiosas” que los llevaban a adorar a los miles de dioses de su mitología. Eso estaba muy arraigado en sus más profundas fibras.

Por ejemplo, si un miembro de la familia se enfermaba, los padres ofrecían un buey a Apolos, o bien a Esculapio. Si mamá era estéril, los Corintios habían crecido viendo a sus padres llevar un becerro al templo de Afrodita y ofrecérselo allí para que mamá pudiera ser fértil. Si Grecia era atacada por los Persas (y eso era común), era típico ver a muchas familias subir al Acrocorinto, y ofrecer allí un buey a Ares, Dios de la guerra destructiva a fin de que su país saliera victorioso.

Ahora bien, con seguridad, gran parte de esa carne ofrecida a sus dioses, iba a parar a la carnicería, donde algunos creyentes maduros (pues habían entendido que dichos “dioses” nada eran y que tales costumbres eran muertas en sí, y por ende tiempo perdido) la compraban y comían.

¿Había pecado en eso?, de ninguna manera.

El problema, y por ende la discusión, se montaba debido a que NO en todos los creyentes que venían de tales costumbres religiosas, había ese conocimiento. Mira el verso 7:

“Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina.” 

Aquí estaba el problema. Para ser más exactos, en los versos 7 al 10 se observa de manera más que clara. De hecho, estos 4 versos son, a mi juicio, la médula espinal de todo este tema:

“Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles.Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos?”

Nota que el pecado no era comer tal vianda, sino que al comerla, ofendían, o dañaban la conciencia del hermano débil o tierno en la fe, quien acababa de salir de tales costumbres mediante el conocimiento de la verdad en Jesucristo.

Sobre si es o no pecado algo de lo cuál  la Biblia no habla puntualmente, y sobre el  precioso verso con el que abrí este post, te cuento más, mañana…porque se me acabó la cancha.

¡Ten un gran día, hoy!

n.r.

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