Otro Gran Libro…


La gran omisión

Bien lo dijo John Ortberg: “Lee a Dallas Willard….cualquier libro de él que leas es bueno”. Creo que tiene mucha razón.

Antes de seguir, debo advertirte que estoy plenamente convencido que ningún libro debería apartar a un creyente de su lectura diaria de La Biblia. Ninguno.

Gracias al gentil préstamo de Vinicio Tello (prometo, en público, devolverlo), finalmente pongo mis manos en un libro de Willard que ya me había recomendado Julito Contreras: La Gran Omisión. (Si: Omisión, no Comisión)

Willard es de aquellos escritores, filósofos y catedráticos cristianos que aún viven (qué privilegio el de la Universidad del Sur de California en tenerlo entre sus docentes), cuyas frases necesito leer hasta tres veces para comenzar a entender lo que quiere decir, y sin embargo, cuando finalmente lo entiendo, caigo en la cuenta que es una verdad tan sencilla, sólida y difícilmente refutable.

Por ejemplo, en la introducción de este buen libro, él propone que “Podemos ser “Cristianos” por siempre, sin jamás convertirnos en discípulos de Jesucristo, pues un discípulo es alguien que consistentemente ansía ser transformado por Dios, no alguien al que se le impone un estudio…esa es La Gran Omisión.”  Uuuuugh…me aflige y, sin la más mínima intención de usurpar la labor de un juez, me hace preguntarme cuántos “cristianos” somos verdaderamente discípulos… pone mis barbas en remojo.

Dice Willard que “Dios quiere ser buscado y no impuesto”. ¡Qué gran verdad!. Creo que muchos pastores hemos caído en el error de “imponer” algún estudio bíblico (o hasta  algún juego de directrices quizás) a muchos, sin que ellos lo hayan pedido.

Continúa diciendo: “Él debe ser buscado para nuestro beneficio (es parte de su plan). Si le buscamos, él ciertamente nos hallará a nosotros, y luego, de forma más profunda, nosotros lo hallarémos a él. Esa es la bendita existencia del discípulo” Esto último, sin la más mínima intención de hablar con indirectas (me parece la forma más cobarde de decirle algo alguien…rechazo tal práctica desde hace muchos años), me pregunto cuántos en la iglesia que tengo el honor de pastorear, están en este momento buscando parecerse a Jesús, y no dependiendo del juego de circunstancias (más materiales que de otro tipo) que les rodean para vivir un día más sobre le planeta.

Empiezo a entender algunas cosas que ya sospechaba: El discípulo debe buscar a su guía y no al revés. Si andamos rogando a la gente para que sea transformada a la imagen de Jesucristo, sin que ellos tengan el real deseo de parecerse a su Creador, podría ser esfuerzo que se esté usando inútilmente… ¿no crees?

Sigo tratando de digerir todo esto. Estos días en que los motores disminuyen revoluciones, me ayudarán.

Sospecho que si te gusta ser usado por Dios para ayudar a que las vidas de sus discípulos sean transformadas, este libro podría ayudarte a entender muchas cosas sobre ello.

¡Ten un gran día, hoy!

n.r.

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