Ahora bien, Si Él Resucitó…


Tu y Yo (por no decir nuestra carne) tenemos un problema…Un serio problema.

Si Jesucristo resucitó, entonces él es Dios encarnado…Él es el Emanuel de Isaías 7, es decir: “El Dios que habitó en medio de nosotros” (eso quiere decir su nombre). Su resurrección comprobó que él es El Señor, pues se cumplió la señal de Jonás ante el mundo:

“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.”   (Mateo 12.40)

Ahora bien, si Jesucristo era el mismísimo Dios, entonces todo lo que él enseño fue enseñado por Dios mismo, y todo lo que él nos pidió ser y hacer, nos fue pedido por Dios mismo. (no estoy jugando con palabras)

¿Por qué es que nuestra carne tiene un problema, entonces?

Porque Si él es El Señor, y tú, habiéndote arrepentido de tus pecados, le has recibido como Señor de tu vida (es decir “El Jefe” de tu vida)…es decir que si él permanece en ti, y tú en él, entonces debes tomar una posición responsable ante 1a Juan 2: versos 4,5, y 6 que dicen:

“El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él, pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” 

Te soy honesto, a mi me deja emproblemado…

Me encanta aplaudir su resurrección…celebrar sus beneficios…disfrutar la seguridad que da a mi fe, dejándome ver que “no es vana”…cantar de ella en un Domingo como hoy…predicar de ella en un servicio como el de esta mañana…levantar mis manos en señal de victoria y gritar “Aleluya”… Pero cuando se trata de “andar como él anduvo” …Uuuuughhh… eso ya no me gusta, porque  ya no conviene a mi carne. Punto.

De repente, Lucas 6:46 vuelve a resonar por todos lados en mi mente y me recuerda:  “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”

¡Grueso…muy grueso!… pero esto también debe ser considerado al considerar su resurrección… ¿No crees?

Como dice Rodolfito Avendaño: ¡Allí te dejo la inquietud!…(es ahora mi inquitud)

n.r. 

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